martes, 31 de diciembre de 2013

Mi deseo para el próximo año... y sucesivos.





Dos mil trece se irá de la misma manera que vino: arrancando una hoja del calendario. Ojalá las cosas empezasen y acabasen de esa manera tan sencilla.

lunes, 9 de diciembre de 2013

Una vez al año...


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...no hay infierno ni paraíso, solo el cielo encima nuestro
... no hay fronteras ni países, todo el Universo a nuestra disposición
...sin nada por lo que matar o morir
...sin ninguna religión
...sin posesiones que codiciar
...sin hambre
...ni mentiras que hacen nacer la desconfianza
...compartiendo todo lo que es de todos
...sueña que somos uno solo en busca del mismo ideal de paz
...llámame soñador y únete a mi.
 ...Me gusta escucharte e imaginar

domingo, 8 de diciembre de 2013

Cuestión de fe



Sabes que cuando te tiras a un abismo lo más probable es que no haya nadie ni nada que amortigüe tu caída. Por eso el amor es una cuestión de fe. Cuesta creérselo.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Comunicación incomunicada




Desde hace años cada día cojo el transporte público para ir a trabajar y es curioso cómo han ido variando las costumbres de los que viajamos en él. Antes subías al metro o al autobús y a fuerza de verte cada día con las mismas personas acababas saludándolas e, incluso, hablando de cualquier cosa en el trayecto al trabajo. Se forjaban amistades, se criticaba  a quién no te gustaba, se lanzaban miradas a la chica que te atraía con la esperanza de capturar las suyas. De alguna forma nos comunicábamos aunque fuese en el reducido ámbito de un vagón de metro o  autobús.  La llegada del teléfono móvil empezó a transformar nuestros hábitos. Aprovechábamos ese trayecto para realizar la llamada al trabajo diciendo que llegábamos tarde porque nos encontrábamos en un atasco  o para decirle a la parienta que no iríamos a comer a casa a mediodía, como si no pudiésemos esperar a llegar a la oficina y telefonerar desde allí. Cualquier cosa que nos ocurría por muy trivial que fuese debía ser comunicada al instante. Era la época de la comunicación indiscriminada y sin filtro. La evolución y proliferación de los artilugios móviles cada vez más sofisticados nos ha llevado al fenómeno contrario a lo que en origen pretendían los aparatitos. Nos ha llevado a la incomunicación. Hoy, cuando subes a un transporte público lo primero que todos hacemos es echarle una ojeada al Iphone o al android para jugar una partida al apalabrados con un oponente aleatorio o para leer mensajes de un grupo con el que nos es imposible mantener el hilo de la conversación. Ya no saludamos a quién nos acompaña en el autobús o en el metro, ni lanzamos miradas a la chica que está dos asientos más adelante, más que nada porque tiene sus ojos fijos en la tablet. Ni tan siquiera nos criticamos. Hay silencio solo roto por el chirriar de las vías del metro o por los frenos hidráulicos del autobús. Ha llegado un momento en que nos podemos comunicar con el Universo entero y, sin embargo, nos hemos vuelto incapaces de hablar con nuestro vecino.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Promesa


Un escritor escribe para que lo lean, eso le llena de satisfacción. Por los "chivatos" que tengo en esta página se que me leen, menos de lo que quisiera, eso si. Mi vanidad queda colmada cuando el lector comenta lo que escribo y hasta puede provocarme un orgasmo cuando el comentario está relacionado con lo que intento comunicar. Así que en vuestra mano está, cual arma masturbadora, llenarme de placer. Si vosotros lo hacéis prometo tener un orgasmo cada día. 

P.S. Eso me sirve para recordaros que mi escrito de ayer está "Sin comentarios". Como eso me cause impotencia empezaré a pedir responsabilidades.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

La belleza no está en el interior





Quedó realmente atrapado por la belleza de su cuerpo y se propuso hacerlo suyo. Lo consiguió. Cuando lo hubo poseído de todas las maneras imaginables, pensó que aquella hermosura exterior no era nada con la que atesoraba su interior y planeó viajar a él. El cuerpo trató de disuadirle advirtiéndole que quizá no le gustaría lo que encontrase. Cuanto más intentaba desanimarle, más deseaba entrar en sus profundidades. Llegó  hasta lo más recóndito y secreto conquistando la tierra oculta negada a todos. Fue entonces cuando descubrió que había quedado prisionero en las cavernas del alma. No había escapatoria. Preso de una furia animal fruto de la desesperación del reo, reventó en canal aquél cuerpo para poder escapar. Ninguno de los dos sobrevivió a las heridas causadas.

martes, 26 de noviembre de 2013

¿Y a tí qué te pasa?





Pues nada. No pasa nada. Tal vez ese sea el problema, que no sucede nada a pesar del empeño que pones en que ocurra algo. Y cuanto más arriesgas en ello más nada encuentras. Es el precio que pagas por esperar a que llegue algo en vez de ir a por ello, así que no te quejes porque no todos viven en esa posición tan cómoda. Otros desisten de la incertidumbre y se convierten en actores de algo. No se te ocurra preguntarme de qué porque ni yo mismo entiendo lo que ha pasado en esta parrafada. Tal vez no ha pasado nada... pero no estoy seguro de ello ¿y tú?.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Somos estruendo



Somos un estruendo que venimos del silencio viajando hacia otro silencio aún mayor, recorriendo ese camino buscando el sosiego que nos dé la serenidad para alcanzar el final.

martes, 5 de noviembre de 2013

Los colores del otoño

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Nunca me dijiste dónde podía encontrarte.  Te he buscado por todas partes y durante muchos años, tantos como mi edad. No me ha importado porque me he llevado conmigo el azul del cielo, el rojo sangrante de las hojas de los árboles antes de caer, el dorado de los pétalos que yacen en el suelo, el pardo de la corteza de los pinos, el verde del musgo que arropa a las piedras romas, el amarillo del sol que deslumbra al atardecer, el blanco brillo de la luna y las estrellas, el grana de los matorrales y el naranja de las flores tardías de verano. Me he llevado todos esos colores, colores de otoño que te regalaré cuando vuelva a nacer la próxima primavera.

domingo, 14 de julio de 2013

Clases de matrimonio




Hay dos clases de matrimonios. Uno es el de la pareja cómoda y estable, en la que dos personas comparten esperanzas y miedos, educan a los hijos como un equipo y se ofrecen consuelo y ayuda. Te aíslas en él con el convencimiento que es todo lo que necesitas.

La otra es la de la pasión salvaje, la locura, la alegría y el sexo, quizá con alguien completamente inadecuado, quizá con alguien a quién no admiras y que ni siquiera te gusta. Si tienes la oportunidad de experimentar ese amor loco y desenfrenado, te aferras a él con fuerza sin importarte las consecuencias.

Lo malo es que esos matrimonios casi nunca coinciden en la misma persona, aunque nuestras propias carencias cuando nos encontramos en uno u otro nos hacen creer que sí.