lunes, 6 de abril de 2026

 

LA CARA OCULTA


El móvil vibró sobre el mantel de plástico, entre las tostadas frías y mis gafas de cerca. Leí la noticia en voz alta, quizá por costumbre, quizá por no admitir que en esta casa el silencio lleva meses ganándonos por puntos.

—Artemis 2 supera el récord del Apolo 13. Más de medio siglo después, vuelven tan lejos que la Tierra ya casi debe de parecer una disculpa.

Tú levantaste la cabeza un segundo, lo justo para asentir con esa educación cansada que se usa con los desconocidos y con los matrimonios largos. Luego seguiste untando mermelada en una tostada con la precisión de quien firma un armisticio que no piensa cumplir.

Me quedé mirando la pantalla. Cuatro personas cruzando la cara oculta de la Luna. La frase tiene algo hermoso y algo miserable. Hermoso porque seguimos empeñados en llegar más lejos. Miserable porque a veces uno tarda menos en mandar seres humanos al otro lado del satélite que en decir aquí, en una cocina cualquiera, “perdona”, “te echo de menos” o “ya no sé cómo volver”.

Siempre nos ha excitado la distancia cuando viene con épica, con cascos, con pantallas azules y voces de control de misión. La cercanía, en cambio, nos da una pereza obscena. Nos cuesta más cruzar una mesa que el vacío. Nos da más miedo la verdad de una conversación que la negrura limpia del espacio.

Pensé entonces que quizá la hazaña no era superar a Apolo 13. Ni siquiera rozar esa parte de la Luna que nunca enseña la cara. La verdadera proeza, la que no sale en los titulares, sería aprender a no vivir tan lejos de quien duerme a nuestro lado, de quien nos conoce el olor del cuello, la rabia, la torpeza y hasta la forma exacta de cerrar una puerta.

Tú terminaste la tostada, te levantaste sin mirarme y dejaste el plato en el fregadero.

Yo seguí leyendo la noticia como un idiota.

Y entendí, con retraso de misión terrestre, que la cara oculta no estaba a cientos de miles de kilómetros.

Estaba enfrente de mí.

«Lo esencial es invisible a los ojos.» (Esta frase está extraída de “El Principito” de Antoine de Saint-Exupéry; este maravilloso libro fue publicado el 6 de abril de 1943 y hoy la frase viene a colación porque el ojo humano verá por primera vez -o eso dicen- la cara oculta de la Luna es decir, la esencial)

John Pizzarelli cumple hoy 66 años y por eso lo traigo aquí. Bueno, por eso y porque el sol estaba un poco celoso de que hablásemos tanto de la Luna y el bueno de John tiene una versión apañadita de "Here comes the sun" de ya sabéis quiénes. 

Quan torna la claror

Vaig obrir la finestra per inèrcia, no per esperança. Feia mesos que a casa hi vivia una llum de despatx: útil, blanca, antipàtica. Però aquell matí el sol va entrar sense demanar permís, com fan les bones notícies i alguns records. Va tocar la tassa bruta, la cadira buida, la fotografia girada cap per avall. No va arreglar res, és clar; el sol no té vocació d’advocat. Només va deixar clar que la tristesa, per molt moblada que estigui, també paga lloguer. I que un dia o altre l’acaben desnonant.



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