LA
CARA OCULTA
El móvil vibró sobre el mantel
de plástico, entre las tostadas frías y mis gafas de cerca. Leí la noticia en
voz alta, quizá por costumbre, quizá por no admitir que en esta casa el
silencio lleva meses ganándonos por puntos.
—Artemis 2 supera el récord
del Apolo 13. Más de medio siglo después, vuelven tan lejos que la Tierra ya
casi debe de parecer una disculpa.
Tú levantaste la cabeza un
segundo, lo justo para asentir con esa educación cansada que se usa con los
desconocidos y con los matrimonios largos. Luego seguiste untando mermelada en
una tostada con la precisión de quien firma un armisticio que no piensa cumplir.
Me quedé mirando la pantalla.
Cuatro personas cruzando la cara oculta de la Luna. La frase tiene algo hermoso
y algo miserable. Hermoso porque seguimos empeñados en llegar más lejos.
Miserable porque a veces uno tarda menos en mandar seres humanos al otro lado
del satélite que en decir aquí, en una cocina cualquiera, “perdona”, “te echo
de menos” o “ya no sé cómo volver”.
Siempre nos ha excitado la
distancia cuando viene con épica, con cascos, con pantallas azules y voces de
control de misión. La cercanía, en cambio, nos da una pereza obscena. Nos
cuesta más cruzar una mesa que el vacío. Nos da más miedo la verdad de una conversación
que la negrura limpia del espacio.
Pensé entonces que quizá la
hazaña no era superar a Apolo 13. Ni siquiera rozar esa parte de la Luna que
nunca enseña la cara. La verdadera proeza, la que no sale en los titulares,
sería aprender a no vivir tan lejos de quien duerme a nuestro lado, de quien
nos conoce el olor del cuello, la rabia, la torpeza y hasta la forma exacta de
cerrar una puerta.
Tú terminaste la tostada, te
levantaste sin mirarme y dejaste el plato en el fregadero.
Yo seguí leyendo la noticia
como un idiota.
Y entendí, con retraso de
misión terrestre, que la cara oculta no estaba a cientos de miles de
kilómetros.
Estaba enfrente de mí.
«Lo esencial es invisible a
los ojos.» (Esta frase está extraída de “El Principito” de Antoine de Saint-Exupéry;
este maravilloso libro fue publicado el 6 de abril de 1943 y hoy la frase viene
a colación porque el ojo humano verá por primera vez -o eso dicen- la cara
oculta de la Luna es decir, la esencial)
John Pizzarelli cumple hoy 66 años y por eso lo traigo aquí. Bueno, por eso y porque el sol estaba un poco celoso de que hablásemos tanto de la Luna y el bueno de John tiene una versión apañadita de "Here comes the sun" de ya sabéis quiénes.
Quan torna la claror
Vaig obrir la finestra per
inèrcia, no per esperança. Feia mesos que a casa hi vivia una llum de despatx:
útil, blanca, antipàtica. Però aquell matí el sol va entrar sense demanar
permís, com fan les bones notícies i alguns records. Va tocar la tassa bruta,
la cadira buida, la fotografia girada cap per avall. No va arreglar res, és
clar; el sol no té vocació d’advocat. Només va deixar clar que la tristesa, per
molt moblada que estigui, també paga lloguer. I que un dia o altre l’acaben
desnonant.

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