domingo, 14 de diciembre de 2025

AGENCIA DE VIAJES DEL SUEÑO

En Barcelona ya no se viaja: se fantasea con salir de Barcelona.

Lo noté la primera noche que decidí no abrir ninguna pestaña de “vuelos baratos”. Cerré el portátil como quien baja la persiana a una tienda que no vende nada, me lavé los dientes con esa espuma mentolada que promete un futuro limpio y me acosté. La ciudad, al otro lado de la ventana, seguía haciendo su trabajo: motos con tos, un camión de basura arrastrando su metal, un vecino practicando la trompeta como si el mundo le debiera una ovación.

—¿Y este año, qué? —me preguntaste sin mirarme, con la voz ya medio dormida.

Te dije: —Este año me voy donde me dé la gana.

En el sueño no hay control de seguridad, ni bandejas grises, ni gente descalza mostrando calcetines tristes. En el sueño no hay colas, ni niños poseídos por el azúcar, ni maletas que pesan más por culpa de lo que uno calla. En el sueño no hay “conexión” de tres horas en un aeropuerto con luz de quirófano. En el sueño yo decido el idioma, el clima y la distancia entre tu mano y la mía.

Aterrizamos en Kioto con olor a madera húmeda y té matcha. Caminamos por una calle que sonaba a papel. De pronto estábamos en Lisboa, y el aire sabía a sal y a baldosas calientes. Luego Marruecos: comino en la nariz, arena pegándose a los tobillos como una promesa. Podíamos quedarnos allí una semana o veinte años, porque nadie nos esperaba para fichar ni para aparentar nada en Instagram.

Y lo mejor: no discutimos.

Ni una vez. Ni por el mapa. Ni por “tú siempre quieres museos”. Ni por “a ver si por una vez hacemos lo que yo quiero”. Ni por ese pequeño deporte de pareja que consiste en convertir cualquier esquina del mundo en un juicio oral.

En el sueño, incluso tu risa estaba más barata.

Me desperté a las siete con la garganta seca y el móvil vibrando en la mesilla. Notificación del banco: “Cargo realizado”.

Miré la pantalla, incrédulo, y leí: TASA TURÍSTICA — IMPUESTO SOBRE ENSUEÑOS — AYUNTAMIENTO.

A tu lado, todavía dormías con una sonrisa pequeña, de aeropuerto vacío.

Te miré y pensé: al final, ni los sueños se libran de los impuestos.

«Honremos a los raros… que en vez de destruir, construyen.» (No sé si raro pero un poco resabiado sí que era Xul Solar, nacido el 14 de diciembre de 1887 con el nombre de Oscar Agustín Alejandro Schulz Solari; teniendo un nombre tan largo no podía ser otra cosa que argentino y licenciarse en pintura, escultura, poesía, música, astrología, esoterismo, inventor de un juego llamado el panajedrez y lengua… bueno, esto último lo son un poco tod@s l@s argentin@s)

Quién canta con los llamados "chicos del agua" cumple hoy  67 años y sigue pidiendo la luna entera.

La lluna sencera al vidre

A la terrassa del Raval, ella assenyalava el cel com si fos un mapa antic. Jo mirava la pantalla: percentatges, rutes, excuses. «Mira», deia, i el vent em portava olor de fregits i sal del port. Jo només veia un tall fi de lluna, com una ungla. Ella, en canvi, feia lloc a la nit dins els ulls i somreia: «És sencera, encara que no ho sembli». Va marxar sense soroll. Quan el mòbil es va quedar sense bateria, la foscor em va fer veure el que m’havia perdut.


 

 

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