CON LOS FRENAZOS

En el metro, la L3 hacía ese ruido de lata triste que te lima la paciencia sin pedir permiso. Yo iba de pie, agarrado al tubo, con la mochila pegada al pecho como si guardara algo más valioso que el portátil: mi derecho a no ser invadido.
Se subió en Passeig de Gràcia. No lo vi venir porque nadie ve venir lo que parece “normal”. Se colocó detrás, demasiado cerca para ser casualidad y demasiado lejos para que lo llames delito sin que te miren raro. Noté su aliento mezclado con colonia barata y prisa. Barcelona siempre huele a prisa.
Al principio fue un roce. Luego otro. Después, la mano, ya sin disimulo, como quien prueba la temperatura del agua antes de meterse. Yo me giré. Él sonrió con esa media sonrisa de quien se cree ingenioso.
—Perdona —dijo—, es que con los frenazos…
No era el freno. Era él.
Miré alrededor: pantallas, auriculares, ojos entrenados para no ver. Un chico grababa un vídeo. Una mujer revisaba su agenda como si fuera el Evangelio. Nadie levantó la cabeza. Nadie quería heredar un conflicto.
Le aparté la mano con dos dedos, como si tocara algo sucio.
—¿Nos conocemos? —le pregunté, no porque importara, sino por pura rabia.
Él se encogió de hombros.
—No hace falta, ¿no?
Ahí lo entendí todo, con una claridad que da asco: da igual si te conoce o no: lo que importa es si cree que puede.
Y en ese vagón, con treinta testigos practicando la invisibilidad, él creía que podía.
Hasta que alguien —yo— dejó de parecer fácil.
«La propia idea de que el ser humano domina la naturaleza nace de la dominación de seres humanos sobre otros seres humanos.» (Parece mentira que un ciudadano de los EEUU sea anarquista Murray Boocchin nacido el 14 de enero de 1921 lo era y estuvo acertado con la frase. Cada día tenemos ejemplos de dominación del ser humano a otro ser humano por el simple hecho de poseer más bienes materiales es decir, pasta)
Geoff Tate miembro de la banda Queensrÿche cumple hoy 67 años y os aseguro que luce algo más deteriorado que en el vídeo: demasiada lucidez silenciosa.
El somni que et vigila
La nit em posa una mà al clatell i em diu: calma. Tanco els ulls i el sostre es torna mar, però un mar que respira lent, com si comptés fins a deu abans de trencar-se. Veig la teva cara sense maquillatge, sense excuses, i em fa ràbia que el record sigui tan educat. A l’altra banda del son, algú apaga els sorolls un a un. I, de sobte, sóc valent: et dic adéu en silenci. L’eco em respon: era això, la llibertat.
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