sábado, 17 de enero de 2026

                                     LA COARTADA PERFECTA


 Tú no dices “violencia machista”. Dices “esas cosas”. Como quien habla de humedad en las paredes. 

Enciendes la tele. Sale un caso de denuncia falsa y tu cara se ilumina. No por alegría —tú no eres un monstruo, te repites— sino por alivio. Por fin una rendija para respirar sin mirar el incendio. 

    —¿Ves? —dices—. Es que ya no se puede… 

No terminas la frase. No hace falta. La frase se termina sola en tu cabeza: ya no se puede creer. Y esa es tu forma favorita de justicia: la duda. La duda no exige nada. La duda no llama a nadie. La duda te deja limpio. 

Te agarras a la palabra falsa como a un salvavidas. La repites con un cuidado casi tierno, como si fuera un bebé que has adoptado. 

Falsa. 

Falsa. 

Falsa. 

Y con cada repetición vas construyendo una casa: cuatro paredes de excusas, techo de prudencia, puerta con cerrojo. Una casa donde no entra el grito de la vecina, ni el portazo de madrugada, ni el silencio raro del ascensor cuando ella entra con gafas de sol en noviembre. 

Luego haces lo que siempre haces: conviertes la excepción en ley. 

    —Entonces, ¿para qué está esa ley? —preguntas, indignado. Te gusta la palabra esa: te permite señalar sin tocar. Te permite cuestionar sin mancharte. 

Te sale el tono de juez sin toga. El tono de “yo solo pido pruebas”. Y claro que pides pruebas: tú pides pruebas como quien pide pan, todos los días, aunque tenga la despensa llena. Pides pruebas porque así nunca llega el momento de creer. 

Lo mejor es que tu prudencia suena bien. Suena responsable. Suena a gente seria. 

Mientras tanto, tú no ves a la mujer que sube las escaleras con el bolso apretado contra el pecho, como si le faltara un órgano. No la ves cuando se queda un segundo en el rellano, respirando bajito, comprobando si hoy toca tormenta. No la ves cuando se ríe demasiado fuerte en el trabajo para que nadie pregunte por qué tiene la voz rota. 

Pero la denuncias a ella también, sin nombrarla: la denuncias por exceso de ruido, por exceso de silencio, por existir con cuidado. 

Tú dices: 

    —Es que hay mujeres que se aprovechan. 

Ahí está tu golpe. No hace falta levantar la mano. Tu golpe es esa frase: limpia, social, compartible. Tu golpe es poner a todas bajo sospecha por una sola. 

Y entonces pasa lo peor: te sientes moral. 

La tele sigue. Analistas. Gráficos. Palabras enormes. Nadie habla de la noche en que ella escribió un mensaje y lo borró tres veces. Nadie habla del minuto exacto en que entendió que llamar “amor” a ciertas cosas era una manera elegante de suicidarse despacio. 

A ti te basta la estadística de tu comodidad. 

Y aun así, aunque no lo admitas, tú sabes que esto no va de la ley. 

Va de ti. 

De tu miedo a que te pidan mirar de frente. 

De tu pánico a que una mujer te diga “me pasó” y tú tengas que elegir entre creerla o seguir siendo el mismo. 

Por eso te gusta tanto la denuncia falsa: porque te regala una coartada. 

Una coartada para discutir el paraguas mientras cae la lluvia. 

Una coartada para cuestionar el extintor mientras arde el edificio. 

Una coartada para poner en duda la ley, y así no poner en duda tu indiferencia. 

Y al final del programa, cuando cambian de tema y aparece fútbol o cocina o cualquier cosa que no duela, tú respiras. 

Te crees a salvo. 

Pero la violencia no se va con el zapping. 

La duda que tú vendes como “prudencia” es, para muchas, otra forma de quedarse solas. 

Y eso —aunque te cueste tragártelo— también mancha. 

«Las conjeturas más fantasiosas se disfrazan de verdad; las mayores improbabilidades parecen realidades coherentes.» (Ellen Wood nacida el 17 de enero de 1814 tuvo que firmar con el nombre de su marido para escribir la frase del día o sus obras. Y eso que todas fueron las más leídas de la época. La frase la podríamos trasladar al 2026 y no perdería vigencia) 

Hoy Dalida hubiese cumplido 93 años pero se nos quedó joven como la veis en el vídeo: con 54. La voz que le acompaña tardó unos años más en marcharse pero, como tod@s, también se fue. La canción no es suya, es de Mina, pero como a mi me gustan las "palabras", las dejo en todas sus versiones.

Paraulesparaules 

T’envia àudios llargscom si pagués per minut d’afecte. “Ets única”, diu, i tu notes la frase com un perfum barat: fa presènciaperò no queda. Al carrer, la gent es dona la  i tu carregues el mòbil com qui carrega un pes mortQuan el veust’abraça amb la mateixa intensitat que un cartell lluminósmolta llumcap escalforSomriusperquè has après l’ofici. I per dins li contestes, sense veu: “Sí. Paraules. I jo, encara aquí.”

 


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