LA
PARTE DEL CUERPO QUE NO SALE EN LAS FOTOS

La chica del vídeo decía, con
una serenidad que daba hasta rabia, que llevaba tres años sin acostarse con
nadie y que no se le había caído ningún órgano al suelo. Sonreía. Tenía treinta
mil seguidores, una lámpara cálida detrás y esa piel descansada de quien duerme
o de quien, al menos, ya no finge.
Yo la escuchaba en el móvil
mientras Laura se desmaquillaba en el baño.
Llevábamos ocho meses sin
tocarnos de verdad.
No hablo de rozarnos al pasar,
ni de ese beso de turno que parece firmado por una gestoría. Hablo de tocarse
como se toca uno una herida para saber si sigue ahí. Hablo de entrar en el otro
sin pedir perdón ni permiso al cansancio. Hablo de recordar que el cuerpo
también piensa.
La influencer dijo que había
descubierto una paz nueva desde que dejó de obedecer el calendario del deseo,
esa especie de oficina clandestina donde el mundo te exige ganas, rendimiento,
frecuencia y hasta entusiasmo. Lo dijo bien. Demasiado bien. Como quien ha
ganado una guerra pequeña y privada.
Laura salió del baño con mi
camiseta vieja y una pinza mal puesta en el pelo. Se sirvió un vaso de agua. Ni
siquiera me miró con hostilidad. Peor: me miró con costumbre.
—¿Qué ves? —preguntó.
—Nada. Una chica que dice que
se puede vivir sin sexo.
Laura bebió despacio. Luego
dejó el vaso en la encimera con ese cuidado que solo se tiene con lo que podría
romperse.
—Claro que se puede —dijo—. Lo
que no sé es si se puede vivir mucho tiempo sin que nadie te mire como si
todavía fueras deseable.
No supe qué contestar.
En la pantalla, la chica
seguía hablando de libertad.
En la cocina, entre el grifo
mal cerrado, la luz blanca de la campana y aquel silencio lleno de muebles
compartidos, entendí que quizá el problema no era vivir sin sexo.
El problema era empezar a
vivir sin ser tocado por dentro.
«La verdad no es redonda, sino
afilada; no es suave, sino áspera.» (Carl Friedrich Georg Spitteler autor de la
frase, nació el 24 de abril de 1845 para ser premio nobel de literatura en
1919. Con la frase vino a decir que las verdades no es bueno pulirlas porque
acaban siendo solo decoración)
Dick Rivers nació y murió el mismo día pero con 74 años de diferencia. En el entremedio versionó al francés una canción de un grupo muy conocido y que veréis presentándolo al principio del vídeo.
La pols de les promeses
Va trobar la carta dins una
capsa de galetes daneses, entre botons morts i claus sense pany. No recordava
haver escrit aquelles frases tan valentes: “sempre”, “mai”, “t’esperaré”. Li va
fer vergonya aquella joventut tan mal educada, entrant al present sense trucar.
A la cuina, la seva dona remenava una sopa amb la paciència de qui ja no
pregunta. Ell va doblegar el paper, el va guardar a la butxaca i va sortir al
balcó. A baix, algú cridava un nom equivocat. Va pensar que l’amor també era
això: oblidar les paraules i quedar-se igualment.
Enhorabuena, en la feria del libro! Excelente.
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