EL MANUAL
El Papa León XIV ya estaba
sentado en el avión, con esa sonrisa de hombre que ha bendecido medio país y
solo desea que nadie le pida otra foto, cuando el comandante anunció por
megafonía que había un pequeño problema técnico.
Pequeño, en lenguaje
aeronáutico, significa que uno empieza a rezar incluso si es el Papa.
El Rey subió al avión, se
acercó con cara diplomática —esa expresión tan española de “no pasa nada” justo
cuando pasa— y le explicó que debían bajar otra vez.
—¿Es grave? —preguntó el
pontífice.
—No, Santo Padre. Solo hay que
revisar el procedimiento.
En la cabina, tres técnicos
miraban un manual abierto sobre una mesita plegable. Sudaban más que un pecador
en agosto. Uno señalaba una página. Otro se rascaba la cabeza. El tercero había
pronunciado la frase que paraliza cualquier Estado moderno:
—Esto está en catalán.
Se hizo un silencio raro.
Tenerife Norte entero pareció contener la respiración. Había Guardia Civil,
protocolo, periodistas, escoltas, obispos, asesores, un monarca y hasta un
señor con chaleco reflectante que sabía dónde estaba cada cono de la pista. Pero
nadie se atrevía con aquella frase:
“No toqueu aquest botó si el
vent ve de cua.”
El Papa la leyó despacio.
—¿Y qué quiere decir?
—Creemos que algo del viento
—dijo un técnico.
—O de una cola —añadió otro,
hundiendo definitivamente la aviación civil en el Antiguo Testamento.
Entonces apareció una
limpiadora con una bolsa azul en la mano.
—Vol dir que no toqueu aquest
botó si el vent ve de cua, home.
Todos la miraron como si
acabara de descender el Espíritu Santo con contrato de sustitución.
—¿Usted habla catalán?
—preguntó el Rey.
—Soy de Cornellà, Majestad.
Aquí estoy por amor. Y por la hipoteca, que también une mucho.
La mujer cerró el manual, miró
el panel y señaló el botón correcto.
El comandante respiró. Los
técnicos fingieron que lo sabían. El Papa sonrió.
Alguien, detrás, murmuró:
—¡Estos catalanes son...!
La limpiadora se volvió.
—¿Qué somos?
Nadie terminó la frase.
«La humildad no es tener una
pobre opinión de uno mismo.» (Christopher Derrick dijo esa frase desde la
humildad. Es una buena frase para los tiempos que corren que ha convertido el
ego en una pequeña administración pública con ventanilla abierta todo el día.
El fraseado cumpliría hoy 105 años)
Y a sus 76 años de hoy sigue dándole a la batería Bun E. Carlos con su grupo, bastante "apañao", Cheap Trick.
El desig mal educat
Ell no volia amor. Volia
confirmació, que és més trist i fa menys soroll. Cada matí es pentinava davant
del vidre del bar, esperant que ella el mirés com qui descobreix una finestra
oberta en ple incendi.
Ella passava, somreia poc i
deixava una olor de pressa.
—Avui tampoc? —li preguntava
el cambrer.
—Avui gairebé —deia ell.
Un dijous, ella es va aturar.
—Et vull —va dir.
Ell va empal·lidir. Havia
assajat el desig, no la resposta.

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