EL
PARQUE DE LOS BUENOS MODALES
El Ayuntamiento acababa de
inaugurar los Juegos por la Convivencia 2026. No había vencedores,
porque ganar podía herir la autoestima del otro equipo. Tampoco perdedores.
Ahora se llamaban participantes con resultado adverso.
La primera prueba consistía en
formar una piña humana mientras los niños repetían:
—¡Abraza tu conflicto!
En la segunda debían compartir
el almuerzo. Un niño ofreció un trozo de brócoli a su compañera.
—¿Tienes el informe de
alérgenos? —preguntó ella.
Un padre grababa la escena con
el móvil en vertical.
—Muy bien, cariño. Recuerda
que la humanidad necesita personas capaces de dialogar.
El hombre mayor que ocupaba el
otro extremo del banco negó con la cabeza.
—En mis tiempos jugábamos a
policías y ladrones.
—Eso normalizaba la violencia
—respondió el padre sin dejar de grabar.
—Puede ser. Pero al menos
sabíamos quién era el ladrón.
En ese momento, dos niños
empezaron a discutir por una pelota.
—Me toca.
—La he reservado con la
aplicación.
—Pero no estás jugando.
—Estoy gestionando mi turno.
Hubo un empujón. Nada grave.
Uno de esos empujones que antes terminaban con una bronca, dos lágrimas y los
niños jugando juntos cinco minutos después.
El dron de vigilancia
descendió sobre ellos y encendió una luz naranja.
—Se ha detectado un desacuerdo
no constructivo. Permanezcan quietos mientras se activa el protocolo de
mediación.
El padre dejó de grabar.
—¿Lo ve? —dijo satisfecho—.
Ahora las cosas se resuelven hablando.
—No están hablando —respondió
el anciano—. Están esperando instrucciones.
La luz del dron cambió a rojo.
—Comentario potencialmente
hostil. Usuario adulto, modere su lenguaje.
El anciano se levantó del
banco. La pelota, olvidada, rodó por el sendero hasta caer dentro de una
alcantarilla.
Ningún niño corrió a buscarla.
Aquello no figuraba en el
protocolo.
«Sacúdete el polvo de los
pies, sal al mundo, trabaja duro, diviértete si puedes y ama si no puedes
evitarlo.» (Una frase muy aseadita la de Aloisia Kirschner nacida el 17 de
junio de 1854. Aseada y algo pesimista; seguramente no pudo evitar serlo)
Eric Stefani no tiene dudas que hoy cumple 59 años. Lo que no tiene tan claro es si aún conserva a su pareja.
El silenci va sortir primer
Quan ella va començar a dir
«hem de parlar», ell va aixecar la mà.
—No.
No perquè no volgués saber-ho.
Ja ho sabia tot: la maleta al passadís, el raspall de dents desaparegut, aquell
futur conjugat en singular.
Ella va callar. Ell també.
Durant uns segons encara van
ser parella, sostinguts per una frase que ningú no s’atrevia a acabar.
Després, ella va obrir la
porta.
El silenci, molt educat, va
sortir primer.

El amor suele llegar sin permiso y marcharse del mismo modo! 💚🧡
ResponderEliminarSiempre me he preguntado: ¿de dónde viene? ¿a dónde va?
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