EL
JABALÍ TAMBIÉN PARTICIPA EN EL TOUR DE FRANCIA
El ciclista miró el mapa nuevo
como quien mira una traición plastificada.
—¿Y Santa Creu d’Olorda?
—preguntó.
El comisario señaló una línea
roja desviada hacia Esplugues.
—Eliminada.
—¿Por obras?
—Por peste porcina africana.
El campeón, que había subido
Alpes con nieve, Pirineos con fiebre y entrevistas con patrocinadores sin
perder la sonrisa, parpadeó.
—¿Me está diciendo que no
subimos por un jabalí?
El funcionario de la
Generalitat carraspeó con dignidad de expediente.
—Por varios jabalíes. Algunos
muertos. Otros pendientes de localizar.
Afuera, las motos rugían sin
saber hacia dónde. Los cámaras enfocaban cascos, piernas, bidones, esa liturgia
muscular con la que los humanos fingimos que la épica depende de nosotros. Un
helicóptero daba vueltas sobre Barcelona como una mosca cara.
El director del equipo se
acercó.
—No te preocupes. La etapa
sigue. Hay Montjuïc. Tres subidas.
El ciclista dobló el mapa con
cuidado.
—Tres subidas no son nada.
El funcionario sonrió.
—Entonces pruebe usted con
diecinueve municipios, restricciones, ganaderos llamando, alcaldes preguntando
y franceses queriendo plano aéreo.
El campeón no contestó. Bebió
agua. Miró hacia Collserola, cerrada, verde, seria, como una abuela que no
permite tonterías en el comedor.
Ese día no ganó el hombre más
fuerte.
Ganó un jabalí que ni siquiera
tomó la salida.
«El amor puede mendigarse,
comprarse, recibirse como regalo o encontrarse en la calle; pero no puede
robarse» (Todas las frases de Hermann Hesse nacido el 2 de julio de 1877 son
una joya. He escogido una de su obra Siddhartha. Le dieron el premio
nobel de literatura en 1946)
L’últim ball a les fosques
Cada nit, després de tancar la
ferreteria, l’Arnau apagava els llums i posava aquella cançó. Ballava sol entre
martells, cargols i panys, com si la foscor fos l’únic lloc on encara no havia
envellit.
Una matinada, algú va picar a
l’aparador. Era la dona que, quaranta anys enrere, l’havia deixat plantat al
ball de festa major.
—Encara en saps?
L’Arnau va obrir la porta.
Van ballar fins que va
clarejar.
Després, ella se’n va anar.
Sobre el taulell només hi
quedava una esquela.

Final inesperado!!
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