SOLO
UN MOMENTO
El hombre apoyó la radial
sobre el metal, a pie de carretera, y apretó el interruptor.
—Será solo un momento —dijo.
Las chispas saltaron pequeñas,
brillantes, casi bonitas. Algunas murieron contra el asfalto. Otras cayeron
sobre la hierba seca, esa hierba que llevaba semanas esperando una imprudencia.
Él continuó trabajando. El
disco mordía el hierro con un chillido agudo mientras, a pocos metros, una
llama diminuta aprendía a caminar.
Primero alcanzó el matorral.
Después trepó por los pinos. Luego el viento le enseñó el camino hacia las
casas.
En la urbanización, una mujer
recogía la ropa tendida cuando vio cambiar el color del cielo. No eran nubes.
Las nubes no huelen a madera quemada ni convierten el sol en una moneda roja.
Los vecinos salieron a las
terrazas y miraron hacia la montaña. Durante unos segundos nadie supo qué
hacer. El incendio todavía parecía lejano, como suelen parecer las desgracias
cuando empiezan en casa de otro.
Después llegaron las sirenas.
Los bomberos corrieron hacia
el fuego. Los vecinos, en dirección contraria. Alguien metió documentos y
fotografías en una bolsa. Otro buscó al perro. Una anciana se negó a abandonar
su casa porque allí había vivido cuarenta años y aún no entendía que el fuego
no respeta la antigüedad.
Sobre los tejados de la Costa
Brava creció una nube negra, enorme, compacta. Tapó el cielo azul, las
buganvillas, las piscinas y esa postal de verano que todos habían pagado tan
cara.
Los Mossos d’Esquadra
detuvieron al hombre de la radial mientras la montaña seguía ardiendo.
Tal vez ahora, en una celda o
delante de un juez, tenga tiempo para pensar en aquellas chispas que le
parecieron inofensivas. En los vecinos que huyeron con una bolsa de documentos.
En los animales que no encontraron carretera por la que escapar. En los árboles
que necesitarán décadas para volver a ser bosque.
Si los tribunales consideran
probada su responsabilidad, esperamos que pase algunos años en prisión.
Ojalá le basten para enseñarle
a pensar.
A la montaña a buen seguro le
harán falta muchos más.
«En la lucha entre tú y el
mundo, ponte de parte del mundo» (He celebrado algunos años el nacimiento de Franz
Kafka que lo hizo el 3 de julio de 1883. Son tantas las frases, son tantos sus
aforismos dignos de reflexión que buscaré cualquier excusa para ponerlos aquí)
Elle King cumple 37 años y ya lleva unas cuantas exparejas, así que no para de cantar y componer.
El recompte
Cada exparella li havia deixat
alguna cosa: una cicatriu, un deute, una cançó insofrible. Ella ho guardava tot
dins d’una capsa vermella.
Quan va conèixer en Pau, va
decidir enterrar-la al jardí.
—Per començar de zero —li
digué.
Anys després, ell va marxar
sense acomiadar-se. Ella va desenterrar la capsa, hi va afegir la seva
fotografia i va descobrir, al fons, una nota escrita per ella mateixa:
«Quan estigui plena, potser el
problema no seran ells.»
Va tancar la tapa.
Encara hi cabien molts homes.
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