viernes, 3 de julio de 2026

 

SOLO UN MOMENTO

 

El hombre apoyó la radial sobre el metal, a pie de carretera, y apretó el interruptor.

—Será solo un momento —dijo.

Las chispas saltaron pequeñas, brillantes, casi bonitas. Algunas murieron contra el asfalto. Otras cayeron sobre la hierba seca, esa hierba que llevaba semanas esperando una imprudencia.

Él continuó trabajando. El disco mordía el hierro con un chillido agudo mientras, a pocos metros, una llama diminuta aprendía a caminar.

Primero alcanzó el matorral. Después trepó por los pinos. Luego el viento le enseñó el camino hacia las casas.

En la urbanización, una mujer recogía la ropa tendida cuando vio cambiar el color del cielo. No eran nubes. Las nubes no huelen a madera quemada ni convierten el sol en una moneda roja.

Los vecinos salieron a las terrazas y miraron hacia la montaña. Durante unos segundos nadie supo qué hacer. El incendio todavía parecía lejano, como suelen parecer las desgracias cuando empiezan en casa de otro.

Después llegaron las sirenas.

Los bomberos corrieron hacia el fuego. Los vecinos, en dirección contraria. Alguien metió documentos y fotografías en una bolsa. Otro buscó al perro. Una anciana se negó a abandonar su casa porque allí había vivido cuarenta años y aún no entendía que el fuego no respeta la antigüedad.

Sobre los tejados de la Costa Brava creció una nube negra, enorme, compacta. Tapó el cielo azul, las buganvillas, las piscinas y esa postal de verano que todos habían pagado tan cara.

Los Mossos d’Esquadra detuvieron al hombre de la radial mientras la montaña seguía ardiendo.

Tal vez ahora, en una celda o delante de un juez, tenga tiempo para pensar en aquellas chispas que le parecieron inofensivas. En los vecinos que huyeron con una bolsa de documentos. En los animales que no encontraron carretera por la que escapar. En los árboles que necesitarán décadas para volver a ser bosque.

Si los tribunales consideran probada su responsabilidad, esperamos que pase algunos años en prisión.

Ojalá le basten para enseñarle a pensar.

A la montaña a buen seguro le harán falta muchos más.

«En la lucha entre tú y el mundo, ponte de parte del mundo» (He celebrado algunos años el nacimiento de Franz Kafka que lo hizo el 3 de julio de 1883. Son tantas las frases, son tantos sus aforismos dignos de reflexión que buscaré cualquier excusa para ponerlos aquí)

Elle King cumple 37 años y ya lleva unas cuantas exparejas, así que no para de cantar y componer.


El recompte

Cada exparella li havia deixat alguna cosa: una cicatriu, un deute, una cançó insofrible. Ella ho guardava tot dins d’una capsa vermella.

Quan va conèixer en Pau, va decidir enterrar-la al jardí.

—Per començar de zero —li digué.

Anys després, ell va marxar sense acomiadar-se. Ella va desenterrar la capsa, hi va afegir la seva fotografia i va descobrir, al fons, una nota escrita per ella mateixa:

«Quan estigui plena, potser el problema no seran ells.»

Va tancar la tapa.

Encara hi cabien molts homes.


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