LA PAREJA VERIFICADA
Todos
los domingos, a las nueve en punto, recibían la misma notificación:
Demuestre
que su relación continúa activa.
La
aplicación les concedía veinticuatro horas para completar cuatro pruebas: una
fotografía juntos, un beso de al menos ocho segundos, una cena compartida y una
conversación superior a diez minutos.
Al
principio les pareció ridículo. Después se convirtió en una costumbre.
Habían
aprendido a colocar el teléfono en el ángulo adecuado para que la fotografía
pareciese espontánea. Sonreían sin enseñar demasiado los dientes, juntaban las
cabezas y procuraban que no se viera la distancia que, unos segundos antes, los
separaba en el sofá.
El
beso tampoco planteaba dificultades. Apoyaban los labios, cerraban los ojos y
esperaban la vibración que confirmaba el tiempo mínimo. Ocho segundos exactos.
A veces nueve, por si acaso.
Para
la cena elegían platos vistosos. Dos copas, una vela, servilletas de tela. Una
vez obtenida la imagen, él volvía al televisor y ella terminaba de comer en la
cocina.
La
conversación era la prueba más incómoda. La aplicación escuchaba, analizaba el
tono y penalizaba los silencios prolongados. Hablaban del tiempo, de la compra
o de alguna serie. Cuando no sabían qué más decir, repetían frases antiguas.
—¿Te
acuerdas de aquel viaje?
—Claro.
—Qué
bien lo pasamos.
—Sí.
Y
miraban de reojo el contador hasta alcanzar los diez minutos.
Nunca
bajaban del nueve. Durante seis semanas consecutivas fueron declarados «pareja
ejemplar». Recibieron insignias, descuentos para cenas románticas y la
felicitación del algoritmo por su extraordinaria compatibilidad emocional.
Fuera
de la aplicación llevaban meses sin hablarse.
El
día de su aniversario apareció una prueba nueva:
¿Desean
renovar su relación durante un año más?
La
respuesta era secreta. Cada uno debía pulsar «sí» o «no» desde su propio
teléfono.
Se
miraron por primera vez en mucho tiempo.
Después,
ambos pulsaron «sí».
La
aplicación lanzó confeti sobre la pantalla y les concedió la máxima puntuación.
Fue
la única decisión que tomaron juntos en meses.
«En la ciencia moderna
no hay lugar para las creencias. Lo que ignoramos es una hoja en blanco que
debemos intentar llenar» (Henri Nestlé nacido el 10 de agosto de 1814 para ser
farmacéutico y químico y endulzarnos la
vida a base de chocolate y leche condensada. Es curioso que a pesar de venderse
la empresa en 1875 por la nada despreciable cifra de un millón de francos
suizos de la época, aún conserve su nombre)
Patti Austin & James Ingram son pareja (musical) verificada por el siguiente vídeo que fue un éxito allá por 1981. Ella cumple hoy 78 años.
L’últim
retorn
Cada
nit, abans de sopar, l’home posava dos plats i feia sonar aquella cançó. Els
veïns pensaven que esperava una amant. En realitat, esperava la dona que havia
expulsat amb una frase massa orgullosa per cabre dins d’un perdó.
Van
passar vint anys.
Una
nit, algú va trucar. Ell obrí amb el cor desbocat. Era una noia que duia una
urna entre els braços.
—La
mare em va demanar que tornés a casa.
L’home
retirà un plat, abaixà la música i, per fi, li feu lloc.

Excelente, hasta ahí llegaremos y más! Fácil engañar a la IA.
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