CUESTIÓN DE TAMAÑO
Los
expertos lo han confirmado: el tamaño importa.
Las
pequeñas suelen ser más dulces, más compactas y bastante más manejables. Se
conservan mejor, caben en cualquier sitio y no exigen esas maniobras aparatosas
que obligan a utilizar las dos manos y, en ocasiones, hasta pedir ayuda.
También
presentan una ventaja decisiva: se disfrutan sin prisas, pero sin esfuerzo.
Basta acercarlas a la boca, hundir los labios y dejar que suelten el jugo. Un
jugo fresco, abundante, pegajoso, que resbala por la barbilla si uno se entrega
al placer con demasiado entusiasmo.
Las
grandes impresionan, desde luego. Despiertan comentarios, miradas y alguna
fantasía exagerada. Pero después llega el momento de la verdad: pesan,
estorban, cuesta encontrarles acomodo y casi nunca se terminan. Mucha
exhibición y poco sentido práctico.
Por
eso este verano se ha disparado la demanda de las pequeñas. La gente empieza a
comprender que la satisfacción no depende de los centímetros, sino del sabor,
la consistencia y la habilidad con que se maneje lo que uno tiene delante.
La
noticia me ha devuelto cierta confianza en mí mismo.
Hablo
de las sandías negras pequeñas, naturalmente.
Aunque
reconozco que no había pensado en ellas hasta la última frase.
«Es imposible vivir sin
fracasar en algo, salvo que vivas con tanta cautela que sea como si no hubieras
vivido en absoluto; en cuyo caso, habrás fracasado por defecto» (J. K. Rowling
nacida el 31 de julio de 1965 para hacernos soñar a niños, adolescentes, no tan
adolescente y mayores con los libros de Harry Potter. La frase que la acompaña
en su aniversario es un compendio de lo que fue su vida hasta los 32 años. Por
cierto ¡feliz cumpleaños!)
Hoy Bill Berry, baterista de la banda REM, cumple 68 años. Ya lo felicité con anterioridad y anuncio que volverá. Adivinad el porqué.
Somriure obligatori
Quan
el Govern va prohibir la tristesa, van desaparèixer els enterraments, els
acomiadaments i les cançons lentes.
Tothom
havia de somriure. També els vidus, els desnonats i els nens sense berenar. Les
càmeres vigilaven que les dents fossin visibles.
Ella
complia la llei escrupolosament. Somreia al carrer, a la feina, fins i tot
mentre dormia.
Un
matí, davant del mirall, va descobrir que ja no sabia deixar de fer-ho.
Va
demanar ajuda.
El
metge, radiant, li receptà felicitat.




