LA LIBRERÍA

Entré en la librería para no mojarme, no para pensar en mi inmortalidad. Olía a papel húmedo, a electricidad y a algo más viejo que la lluvia. No había dependiente, solo un mostrador vacío y estanterías cargadas hasta arriba, como si alguien llevara años acumulando vidas ajenas.
Lo vi enseguida: tapas
rojas, letras doradas, ninguna pegatina de precio.
Lo cogí sin pensarlo, como se cogen las decisiones que luego te persiguen.
Lo abrí.
En la primera página: yo, recién nacido,
arrugado y chillando.
En la segunda: yo con seis años, rodilla sangrando, sonrisa de leche.
En la tercera: mi primera borrachera.
En la siguiente: mi primera mentira seria.
Pasé hojas. Cada página era una foto mía: los exámenes, las noches en vela, las discusiones con mi madre, el día que dije “sí” sin ganas, el día que dije “no” y arruiné algo que aún me duele.
Hasta llegar a esa mañana, apoyado en la ventana, pensando que mi vida se me hacía pequeña.
Al final no había foto. Solo una frase, escrita con algo oscuro, casi negro, que olía a óxido:
“Ahora ya lo sabes todo.”
Lo que me heló no fue la frase.
Fue la letra.
La reconocí.
Era mi letra.
Mi forma rara de hacer las “r”, la misma curva en las “s”, ese gesto torcido al
cerrar el punto de la “i”.
Pero yo no recordaba haber escrito nada de eso. Ni haber estado jamás en esa librería.
Cerré el libro de golpe, con la sensación de llegar tarde a mi propia historia. Lo dejé en su estantería y salí casi corriendo.
Fuera no había librería. Solo una pared vacía, un cartel de “SE ALQUILA” y mi reflejo en el cristal sucio de la puerta… donde el local llevaba, según el papel, más de diez años cerrado.
Entonces la escuché.
Una carcajada breve, conocida, rebotando por dentro de mi cabeza.
Mi risa.
Mi propia risa, pero más vieja, más cansada, susurrándome al oído:
—Venga, no te hagas el sorprendido. Esto también lo vas a escribir tú.
«No consultes tus miedos, sino tus esperanzas y tus sueños. No pienses en tus frustraciones, sino en tu potencial aún sin realizar. No te preocupes por lo que intentaste y fracasaste, sino por lo que todavía te es posible hacer.» (Esta frase pronunciada por Angelo Giuseppe Roncalli –más conocido como Juan XXIII y nacido el 25 de noviembre de 1881- dice mucho de que su persona iba más allá de su faceta de patriarca de la iglesia católica)
Hoy el batería del grupo cumple 79 años y, por lo que parece, aún no ha probado las "excelencias" del servicio de rodalies de Catalunya.
Últim tren cap a Londres
Va arribar a l’andana quan el rellotge ja s'ho repensava. Últim tren cap a Londres, deia la pantalla, i ella encara dubtava si fugir o quedar-se a la taula parada del sopar d’aniversari. El vagó feia olor de metall i promeses low-cost. Quan les portes es van tancar, va mirar el mòbil: trenta-trucades-perdudes-de-mare, sis de pare, un missatge d’ell: «Si marxes, no tornis». Va somriure. Va posar mode avió. Que el tren decidís.
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