lunes, 12 de enero de 2026

TU SI QUE SABES DE LO QUE HABLO

Hay gente que necesita un culpable pequeño para un problema enorme. Un culpable que quepa en una frase y, si puede ser, que ladre. Así, cuando la natalidad cae, es más cómodo señalar al perro en el cochecito —con su abrigo ridículo y su cara de “yo no he firmado nada”— que mirar el alquiler, el salario, los horarios, la soledad y esa sensación de que la vida adulta es una cinta de correr con facturas.

La noticia tiene algo de teatro moral: políticos y líderes religiosos indignados porque un festival infantil en Japón ha abierto la puerta a bendecir perros, como si la fertilidad dependiera de un protocolo en un santuario y no de poder respirar a fin de mes.

Y entonces llega el dato incómodo: en Taiwán, al menos, las mascotas no estarían sustituyendo a los niños; a menudo los preceden. Como si el perro fuese un ensayo general de la crianza: horarios, responsabilidad, discusiones pequeñas (“te toca bajar tú”), ternura inesperada, una rutina compartida. Un “starter family” que no exige hipoteca emocional de por vida… pero te entrena para cuidar sin huir.

Lo que molesta de los perros no es que ocupen el lugar de los hijos. Lo que molesta es que evidencian la ecuación real: que mucha gente sí quiere cuidar, sí quiere vínculo, sí quiere casa —pero no quiere hacerlo dentro de una trampa. Culpar al perro es una forma elegante de no hablar de lo indecente: de la precariedad, del coste de la vivienda, de la crianza como lujo, del peso desigual que aún cae sobre las mujeres, de la familia convertida en un proyecto para ricos o heroicos.

Así que no, no es el perro. El perro solo está ahí, respirándote en el tobillo, recordándote una verdad simple: cuando la vida no te deja futuro, eliges un cariño que puedas sostener con dos manos. Y eso, por cierto, también es una acusación—pero no contra el animal.

«Toma una sola idea. Haz de esa idea tu vida: piénsala, suéñala, vive en ella…» (Esa frase se atribuye Swami Vivekananda nacido el 12 de enero de 1863 para ser filósofo. Como sólo vivió 39 años no sé si le dio tiempo a cumplir su sueño. Particularmente pienso que el mundo es demasiado complejo para ceñirte a una sola idea)

Ella Henderson cumple hoy 30 espléndidos años y la canción del vídeo la compuso hace 12, así que echar cuentas de lo que vale la "niña".

El teu nom a les parets

Va canviar el pany, el número, fins i tot la manera de riure. Però el teu nom continuava fent grafits al seu cap. Hi ha ex que no marxen: es queden en l’olor del passadís, en el brunzit del mòbil, en aquella cançó que el veí posa quan vol fer-se l’interessant. Un vespre, va obrir la finestra i va deixar entrar fred, soroll de ciutat, clàxons. “Fora,” va dir, com si el fantasma fos un gos tossut. I, mira, per primer cop, el silenci va obeir.


 

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